El Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz proporciona las reseñas contenidas en este Boletín como un servicio a la comunidad psiquiátrica. Estos contenidos provienen de material publicado en otras revistas especializadas en este campo y no son producto de la opinión o de la posición del Instituto a menos que se estipule específicamente. El Instituto no patrocina productos, corporaciones ni organizaciones y está libre de cualquier responsabilidad.

Vol. 32 Núm. 4 Abril (2021): Información Clínica

El Trastorno Depresivo Mayor (TDM) afecta del 1 al 2% de los niños preadolescentes menores de 12 años. El objetivo de esta revisión es evaluar la efectividad de las intervenciones psicológicas como tratamiento para niños con depresión. Se incluyeron 7 estudios controlados aleatorizados, de los cuales 5 evaluaban la Terapia Cognitivo Conductual (TCC). Los resultados combinados sugieren que existe poca evidencia de que la TCC sea más efectiva que no proporcionar tratamiento alguno, con respecto a la Terapia familiar y la Psicoterapia psicodinámica. El número de participantes incluidos en los estudios es relativamente pequeño por lo que la evidencia de la efectividad de las intervenciones psicológicas en niños deprimidos es escasa, limitada y poco concluyente. Este trastorno que afecta del 1 al 2% de los niños menores de 12 años requiere atención y solución urgente.

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El diagnóstico de los Trastornos del Espectro Autista (TEA) suele darse entre los 3 y 4 años; sin embargo, diversos signos tempranos pueden generar sospecha desde el primer año de vida. En este estudio se analiza a través de una cohorte prospectiva la estabilidad diagnóstica en niños con TEA a partir de los 12 meses de edad y compararla con la estabilidad observada en niños con otros trastornos del desarrollo neurológico. La estabilidad diagnóstica global fue del 0.84 (95% IC, 0.80-0.87), la cual fue mayor en comparación con otros grupos de trastornos del neurodesarrollo. La estabilidad diagnóstica más baja fue para el grupo de 12 a 13 meses de edad (0.50 95% IC, 0.32-0.69), pero se incrementó al 0.79 a los 14 meses y al 0.83 a los 16 meses. Los resultados sugieren que el diagnóstico del TEA es estable desde los 14 meses de edad.

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Los medicamentos utilizados para el tratamiento de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se han asociado con un incremento en la presión arterial, en el latido cardiaco y en la prolongación del intervalo QT. El objetivo de este estudio fue evaluar la presencia de eventos cardiovasculares graves en niños y adolescentes con TDAH o Trastorno del Espectro Autista (TEA). Se trata de un estudio de casos y controles en niños de 3 a 18 años. Los casos se definieron como aquellos niños que hayan presentado angina, infarto al miocardio o arritmia cardiaca grave. Cada caso fue pareado con 10 controles por edad, sexo y tipo de aseguradora. Los resultados mostraron que tanto para el grupo del TDAH como para el del TEA, no hubo un incremento de riesgo de eventos cardiovasculares asociados al uso de medicación para TDAH.

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Empezar con el uso de sustancias durante la adolescencia aumenta las probabilidades de presentar complicaciones para la salud mental, problemas escolares, complicaciones físicas y deterioro neurocognitivo. Los autores examinan en publicaciones más recientes (2016-2019) el tratamiento dado al Trastorno por Uso de Sustancias en adolescentes. La evidencia sugiere que los tratamientos psicosociales tales como la Terapia de Familia, la Terapia Cognitivo Conductual y los enfoques multicomponentes son los métodos más efectivos para el tratamiento de los adolescentes consumidores de sustancias. Dentro de los tratamientos eficaces se encontraron la entrevista motivacional, la Terapia de Involucramiento Motivacional y la Terapia Cognitivo Conductual de tercera generación. Algunos tratamientos tales como la farmacoterapia, el ejercicio y la “atención plena” podrían ser de utilidad clínica cuando se utilizan como coadyuvantes de los tratamientos eficaces.

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En los últimos años el bullying ha sido identificado como uno de los temas más importantes en la población infantil. Son varios los estudios que revelan la relación entre los que sufren acoso y el riesgo de suicidio. Aunque se puede prevenir, el suicidio sigue siendo la principal causa de muerte entre los más jóvenes. Esta revisión de la literatura busca establecer si existe asociación entre el acoso y el suicidio en un grupo de 0 a 18 años. Se realizó una búsqueda en PubMed de estudios que asocian el bullying y el suicidio en la población pediátrica. Después de la aplicación de los criterios de exclusión e inclusión se revisaron un total de 42 artículos. Este estudio mostró una fuerte relación entre el bullying y el suicidio entre la población joven. El acoso no solo aumenta el riesgo suicida, si no que intensifica otras patologías de salud mental como la depresión, ansiedad y pánico que de no tratarse tendrán secuelas en la vida adulta. No son únicamente víctimas de la salud mental los acosados, ya que también tiene un impacto en la salud mental del acosador y en los testigos.

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